Camí de Cavalls

Magníficos días y una experiencia inolvidable es la única forma de describir el Camí de Cavalls en Menorca. Desde hacía un año me rondaba por la cabeza semejante aventura. 2013 fue finalmente el año en que durante 6 días ininterrumpidamente, y sin lugar a margen, recorrería una media de +30km diarios.

En contra de un recorrido nómada e itinerante para pernoctar, monté la base de operaciones en Mahón. A partir de ahí, cada día me desplazaría al punto de inicio/final de etapa y bordearía así la isla. Realizarlo de este modo me permitía un equipaje y unas comodidades pese a que incurría en un gasto extra por logística y desplazamientos. Mereció la pena.

Sin detallar los pormenores de cada etapa, una palabra que describe el Camí de Cavalls es diversidad. Diversidad de terrenos desde asfalto hasta arena pasando por montaña, pistas, diferentes terrenos rocosos y diferentes texturas como la piedra y arena roja hasta la gris desértica.

Dado que en realidad el Camí de Cavalls no dejaban de ser mis vacaciones, salvo un par de etapas que fui ‘por faena’, siempre encontraba un hueco en alguna cala mágica para chapotear un rato. Reparadores me resultaban los baños que provocaban un efecto regenerador inigualable. En lugar de enfriarme o cortarme el ritmo, salía desde cada una de las calas como si la etapa comenzase ahí sin importar que llevar 15 o 20 kms. A su vez, igual resultaba el baño final de etapa como premio a la jornada. Una motivación más para llegar.

Sin contratiempos, lesiones, vahídos por el calor o similares, terminé el Camí de Cavalls como lo empecé: disfrutando cada km que me brindó la isla. Procuraré que no sea la última vez que la visite, y ya veremos si de forma más relajada o más extrema

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